El COVID-19 o la COVID-19 (hasta en el género hay debate sobre esta enfermedad, pues la RAE admite como válidos ambos géneros, aunque algunos recomiendan el femenino, al ser enfermedad) es una nueva enfermedad que se produce al contraer el virus denominado SARS-CoV-2 (inicialmente denominado 2019-nCoV). Este virus pertenece a una familia denominada coronavirus, de los cuáles se conocen 7 hasta el día de hoy:
- Los dos primeros de estos coronavirus fueron descritos en la década de los 60, provocando enfermedades respiratorias similares a un resfriado o gripe (los llamados HCoV-229E y HCoV-OC43)
- Más tarde, se identificó en 2002 en China el llamado SARS-CoV, que provoca el SARS (síndrome respiratorio agudo severo). Afectó a países asiáticos con una tasa de letalidad del 10% aproximadamente, aunque solo afecto a unas 8.400 personas y duró unos ocho meses. Se registraron casos hasta mayo de 2004.
- En 2004 se descubrió el HCoV-NL63 en los Países Bajos, en un niño con bronquiolitis, dándose la circunstancia de que se observó principalmente en niños pequeños y también personas inmunodeprimidas.
- En 2005 se identificó el HCoV-HKU1 en Hong-Kong, en un hombre de 71 años proveniente de China, que fue hospitalizado con dificultad respiratoria aguda y neumonía bilateral.
- Más recientemente, apareció el MERS (síndrome respiratorio de Oriente medio, provocado por el HCoV-EMC/2012), detectado en 2012, afectando a casi una treintena de países. Su tasa de letalidad es de un 35%, y aún no se ha erradicado, estando activa sobre todo en Arabia Saudí, aunque se han reportado en torno a solo 2.500 contagios. Este virus pasó a los humanos a través de un dromedario, en lo que se conoce como zoonosis (salto de un virus de un animal a un humano).
- En diciembre de 2019, China alertó del ya conocido como SARS-CoV-2, el cual no parece ser tan letal como los dos más graves descritos hasta ahora (MERS y SARS), pero sí muchísimo más contagioso, por lo que se ha expandido en pocos meses a todo el mundo, suponiendo esto un número de fallecidos mucho mayor que en los otros casos de coronavirus conocidos. El virus se consiguió aislar en el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas Lazzaro Spallanzani de Roma, según informaron las autoridades de aquel país el 3 de febrero de 2020, aunque diez días antes había sido aislado en China (ver noticia). Aún así, existen algunas voces dentro de la comunidad científica que tienen dudas sobre el proceso de aislamiento.
Es importante saber que estamos ante un virus nuevo, del que poco a poco se va sabiendo algo más, pero del que queda mucho por conocer. Por tanto, hay que ser prudente, cauteloso, y no subestimar a un virus que en pocos meses ha causado estragos en todo el mundo. Existen multitud de estudios científicos, pero muchos de ellos son preliminares y están en revisión. Algunas publicaciones en revistas prestigiosas incluso han sufrido una retractación (como por ejemplo, en The Lancet). Incluso hay una web que va recopilando todos los artículos que han sufrido una retractación, los cuales se cuentan por decenas. Puedes consultar dicha web haciendo clic aquí.
Si bien al principio de la pandemia muchos comparaban al virus con una gripe, lo cierto es que la comparación no deja lugar a dudas: según un estudio (ver estudio), las conclusiones son:
- La COVID-19 es más mortal,
- Supone un mayor uso de recursos sanitarios (hospitalizaciones, UCIs, etc)
- Presenta en muchos casos síntomas persistentes y graves secuelas.
- Mayor riesgo de lesión renal aguda, shock séptico, embolismo pulmonar, trombosis, derrame cerebral, miocarditis, arritmias o infartos
Solo con comparar las muertes atribuibles a gripe (3.900 según fuentes oficiales) en la campaña 2019/2020 en España, y que el SARS-CoV-2 había causado más de 70.000 fallecimientos en 10 meses en nuestro país, se puede ver que es una enfermedad que causa muchos más fallecimientos, también favorecido en parte por su mayor contagiosidad (como demuestra que las medidas de prevención tomadas son más efectivas para frenar la gripe que la propia COVID-19).
Estos siete no son estos los únicos tipos de coronavirus existentes en la naturaleza. Algunos estudios sugieren que podría haber cientos de nuevos coronavirus en murciélagos.
También hay que recalcar que hay incluso quien dice que lo que se podría haber aislado en su día no era un virus, sino que sería un exosoma, vesículas que contienen ARN en su interior, producido en las células del organismo, y dirigido hacia otras células que los replica, pudiendo incluso provocar una respuesta inflamatoria. Y que esos exosomas estarían provocados por un agente externo, que podría incluso ser la respuesta del organismo ante la radiación electromagnética producida por las nuevas antenas de la tecnología 5G, aunque no hay evidencia científica que soporte estas teorías. De hecho, la teoría del exosoma no es nueva, sino que ya circuló hace algunos años con respecto al VIH (ver artículo). En el siguiente video puedes ver cómo las células generan exosomas mediante un proceso denominado exocitosis.
Incluso se ha sugerido que el procedimiento no sería válido, porque en el aislamiento se tomaron células tumorales. Sin embargo, hay expertos como el Doctor en Virología Javier Cantón, que discrepa de estas teorías, ya que cuando se produjo el aislamiento del virus, se observó que esas partículas eran similares a las de otros coronavirus y diferentes a las de los exosomas, y además, en investigación, es usual utilizar células que provienen de tumores porque tienen capacidad de dividirse constantemente (ver artículo).
También hay personas que apoyan su teoría del 5G en mapas de incidencia de la enfermedad y de localización de antenas que utilizan esta tecnología. En los siguientes mapas puedes ver las zonas en las que hay antenas 5G y las zonas donde ha habido coronavirus (ambos son de finales de julio):
Mapa de antenas 5G. Fuente: nperf.com
Casos de COVID-19 en el mundo. Fuente: Johns Hopkins University
En una rápida comparativa visual, parece cuadran determinadas zonas como Estados Unidos, Canadá, Europa o Australia. Sin embargo, la incidencia de COVID-19 es mucho mayor en América del Sur, India o África que el número de antenas 5G que hay en estas zonas del planeta. Además, si nos fijamos en Australia, país en el que coinciden los casos de COVID-19 con la disposición de las antenas principalmente en la costa este y en la costa suroeste, esto tendría una explicación: toda la zona central, en donde no aparecen casos de COVID-19 ni tampoco antenas 5G, es una zona desértica, por lo que no hay población apenas, y como no hay población, tampoco hay 5G.
Desiertos en Australia. Fuente: Wikipedia
Es decir, las antenas 5G se colocan allí donde hay población, por lo que la comparativa visual de los mapas puede parecer algo engañosa, pues las zonas desérticas y poco habitadas como gran parte de Australia, gran parte de Canadá o Alaska, la zona del desierto del Sáhara en África o el norte de Rusia, son zonas deshabitadas y por tanto, no habrá ni antenas 5G ni casos de COVID-19.