La carga viral de un paciente viene a ser el número de copias del virus (viriones) que hay por milímetro de sangre. Ya en otras enfermedades se observó que a mayor carga viral en sangre de un determinado virus, mayor gravedad de la enfermedad (por ejemplo, con el virus VIH y el SIDA, la enfermedad que provoca). En el caso del SARS-CoV-2, un estudio publicado en The Lancet relacionó la gravedad del COVID-19 con la carga viral adquirida (ver noticia), ya que los pacientes con cuadros graves presentaron una carga viral hasta 60 veces mayor que la de pacientes con cuadros leves, tras realizar un estudio mediante una PCR cuantitativa (ver estudio). También llama la atención en este estudio que los pacientes presentaron los niveles más altos de carga viral en los inicios de la infección. Otro estudio, también publicado en The Lancet en agosto sobre un cohorte de 1145 pacientes, encontró una relación entre las cargas virales y la mortalidad, habiedo diferencias de supervivencia entre aquellos pacientes con cargas altas y con cargas bajas, sugiriendo esto que una mayor carga viral aumentaba la probabilidad de mortalidad (ver artículo).
Y, ¿cómo se puede adquirir mayor carga viral?. Pues bien porque la persona que nos contagia nos 'envíe' una gran cantidad de virus, por ejemplo, a través de un estornudo, o porque estemos en contacto con muchas personas que en ese momento están contagiadas. Por ejemplo, imaginemos que al cabo de un día, nos cruzamos con 20 personas; si solo una está contagiada, podemos coger el virus, pero lo normal es que lo hagamos con poca carga viral. Pero al estar hablando de un virus muy contagioso, a las pocas semanas, si nos cruzamos con esas mismas 20 personas, puede que entonces ya haya 5 de ellas contagiadas, por lo que estaríamos contagiándonos con la carga viral de 5 personas, y no solo de una de ellas. Esto agravaría la enfermedad, y esto es lo que pudo pasar en nuestro país.
Si el virus llegó en enero, como sugiere el estudio de aguas residuales de Barcelona, los primeros casos serían contagios con poca carga viral, desarrollando cuadros leves de la enfermedad (de hecho durante enero y febrero no se registró un exceso de mortalidad destacable en el informe MoMo). Al ser indetectable e incluso confundido con la gripe estacional, el virus fue expandiéndose, hasta llegar un momento en el que los contagiados estaban expuestos a varias personas que tenían el virus, formándose no solo muchos más casos, sino con cuadros más graves con neumonías atípicas, como sucedió en marzo y abril. Las medidas de confinamiento de esos meses hicieron que el ritmo de contagios descendiera, por lo que al haber menos casos, los nuevos contagios de mayo y junio habrían sido con menor carga viral, lo que explicaría también que no haya exceso de mortalidad destacable en esos meses según el informe MoMo, aunque sabemos que casos hay y que el virus está en nuestro país. De hecho, y aunque aún debe confirmarse esta posibilidad con evidencia científica, el director de Instuto de Investigaciones Farmacológicas Mario Negri de Milán, Giuseppe Remuzzi, aseguró en junio que los nuevos infectados por coronavirus tenían una carga viral muy baja en comparación con los casos de marzo (ver noticia).
En esta gráfica del exceso de mortalidad en España por todas las causas, del informe MoMo, se puede observar como las defunciones observadas (línea negra) comienzan a dispararse en relación con las esperadas (azul) hacia el 8 de marzo, alcanzando el pico la primera semana de abril, y descendiendo hasta los valores esperables hacia el 10 de mayo. Se observa como en mayo y en junio, meses en los que había casos de COVID-19, no hay un exceso de mortalidad, posiblemente porque la carga viral de los contagios es baja al haber menos contagios por las medidas de protección (las mascarillas como ya se ha comentado podrían reducir la carga viral de contagios, la distancia social, etc). Esto hace pensar que al menos en febrero, el virus podría estar ya en España, incrementándose al mismo tiempo el número de contagiados así como la carga viral y virulencia de los contagios.
Se da la circunstancia también de que una persona con mayor carga viral tendrá más poder contagiador que una persona con menos carga viral (ver noticia), por lo que la bola de nieve se iría haciendo cada vez mayor... Una persona podría adquirir el virus con poca carga viral, y transformarse en un contagiador silencioso. Al cabo de unos días, habría muchos contagiados (por su capacidad para propagarse), posiblemente con poca carga viral, y transmitiéndolo de forma asintomática. Y con el paso de algunas semanas, los contagiados empezarían a tener más carga viral (al ser contagiados por varias personas a la vez), aumentando la gravedad de los casos, y su poder para poder contagiar a más gente. Es por ello por lo que los sanitarios son un colectivo con un mayor riesgo de contagio, y además, de tener un cuadro grave si no se protegen, al estar expuestos a muchos contagiados y por tanto, a mucha carga viral (ver artículo).
La carga viral también depende de las mutaciones y de la variante adquirida. Así, en diciembre de 2020, Shane Crotty, experto profesor de La Jolla Institute for Inmunology, experto en vacunas e inmunología, Shane Crotty, comentaba que estaba convencido que la variante británica B.1.1.7, detectada ese mes, era un gran problema, pues un análisis de 641 casos de COVID-19 encontró que los casos "S-negativos" (que se deducen son con la variante B.1.1.7, pues daría positiva la PCR para las proteínas N y ORF1, pero no para la proteína S), tenían cargas virales nasales de 10 a 100 veces más altas que el COVID-19 "normal", como mostraba un estudio (ver estudio). Virológicamente, esa es una diferencia enorme, que podría explicar también fácilmente la mayor contagiosidad de esta variante, pues al haber más virus en las fosas nasales, se podrían exhalar en aerosoles o expeler en gotas con mayor facilidad. Comparativamente, la mutación D614G que empezó a imponerse en febrero en todo el mundo, solo tenía entre 2 y 4 veces más carga viral (ver estudio). Este aumento de carga viral, además de poder explicar fácilmente una mayor transmisibilidad, supone una mayor capacidad del virus para replicarse en el organismo humano, y aunque los anticuerpos generados por una infección previa o una vacunación siguieran teniendo efecto neutralizante sobre ella, el mero hecho de que pueda replicarse más en el organismo, implicará que al sistema inmune le puede costar más defenderse, pues tendrá que "luchar" contra más viriones.
En el siguiente gráfico puedes ver la comparativa de la carga viral que tienen pacientes infectados con SARS-CoV-2, con las cargas virales de otras enfermedades respiratorias, que el algunos casos son significativamente menores (como otros coronavirus o adenovirus que causan resfriados), siendo la segunda la carga viral más importante la adquirida con la gripe A (ver estudio).